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Conoce su historia

Castilblanco es una población que se asienta sobre una colina a 500 metros de altitud. Esta elevación premia a los vecinos y visitantes con unas impresionantes vistas. Geográficamente se posiciona al sur de los Montes de Toledo y sus arroyos desembocan en las cuencas del Guadiana y del río Guadalupejo. Pertenece a la comarca pacense de La Siberia.

La población limita al norte con Alía, al este con Helechosa, al oeste con Valdecaballeros y al sur con Herrera del Duque.

Su historia ha estado ligada a la de otras dos localidades cercanas: Alía, que pertenece a Cáceres, y Valdecaballeros, compañero de comarca.

El asentamiento antiguo en estos lugares está asegurado por la constatación de presencia humana en las rañas de Alía, donde aparecieron instrumentos de piedra tallada y por las innumerables pinturas rupestres aparecidas en los abrigos rocosos inmediatos al término.

La Edad del Bronce tiene un referente de primer orden en el Castro de la junta del Guadalupejo con el Guadiana, el denominado Castro del Cerro de la Barca, un dolmen de corredor sito en Valdecaballeros, similar a los de Antequera.



¿Queréis saber un poco más sobre su historia?

Empecemos por el nombre. La explicación más extendida es que su origen se remonta a un castillo ubicado en la actual iglesia. Sus habitantes eran los templarios, unos caballeros cristianos que vestían de blanco, por lo que empezó a ser conocido como “Castillo blanco” o “Castillo de los blancos”. Se cree que en Valdecaballeros también hubo ocupación templaria.

No está muy claro si el castillo fue construido por los caballeros templarios. También se teoriza si fueron los árabes -aunque no hay fuentes árabes que lo constaten- o caballeros procedentes de Ávila o Trujillo. El castillo original se remonta al siglo XI, periodo que coincide con las reconquistas cristianas encabezada por Alfonso VII.

El castillo desapareció, lo que limita la identificación de los ocupantes del castillo y se cree que los vecinos utilizarían los restos posteriormente para la construcción del castillo de la iglesia actual, de estilo mudéjar y que se comenzó a construir en los siglos XIV y XV.

Se cree que Castilblanco estuvo poblado también por pastores, cazadores y pescadores antes de las repoblaciones que vamos a ver a continuación.

PRIMERAS POBLACIONES FIJAS

La historia de Castilblanco está enlazada con la de Alía y Valdecaballeros desde que el rey Sancho IV entregó, el 15 de mayo de 1293, un lote de de terrenos -las Dehesas de Guadalupe- pertenecientes a las tres localidades, a Talavera de la Reina para su repoblación. En el entorno ya se encontraba habitada la población de Halia (la actual Alía) a la que se unió la procedente de Talavera.

En un primer momento, la repoblación se hizo difícil debido a lo agreste de los parajes, que incluía animales salvajes como el oso entre nuestras tierras. En 1369 Talavera y todas sus aldeas pasan a manos del arzobispo de Toledo, aunque Talavera conservó la jurisdicción civil y criminal sobre sus aldeas.

Esbozo de la Dehesa de los Guadalupes. Perteneciente al Archivo de General de Palacio nº 7268 siglo XVIII. Encontrado en el libro La dehesa de los Guadalupes: Historia de un espacio socioeconómico extremeño de Julián Hontanilla.

Durante algunos años, entre 1448 y 1455, Castilblanco perteneció al condado de Belalcázar, pero rápidamente volvió a manos de Talavera y, por consiguiente, del arzobispado de Toledo, que era quien marcaba la jurisdicción en materia religiosa.

Bajo el mandato de Talavera, la población de Castilblanco consiguió un amplio crecimiento. No obstante, muchos de los vecinos estaban disconformes con las ordenanzas de Talavera en cuanto a la gestión de la tierra, especialmente por la cuestión del ganado trashumante. En las ordenanzas de Talavera para regular el territorio, “Las antiguas de Talavera”, se resuelve que el centro de la Dehesa, la denominada Tercia Parte, estaría reservada al ganado trashumante. Esta tierra de lo más próspera que comprendía nueve millares de fanegas muy productiva solo sería accesible para los vecinos si pagaban los mismos precios que los forasteros.

Esta situación cambió durante el breve periodo en el que Castilblanco y el resto de compañeras de las Dehesas de los Guadalupe estuvieron bajo el señorío del condado de Belalcázar. Este condado se gestionaba junto con el de Puebla de Alcocer y permitió a los vecinos de las dehesas una explotación más libre de toda la dehesa, incluida la fértil Tercia Parte. Por esta razón, cuando el señorío volvió a Talavera, muchos vecinos preferían pertenecer a Puebla.

DECLARACIÓN DE VILLA

El 23 de abril de 1554, Juan Martínez Silíceo, arzobispo de Toledo, envía una carta al rey Carlos I de España y V de Alemania donde le pide la concesión del título de villa a Castilblanco, lo que iba a significar su independencia respecto de Talavera. Sin embargo, esta independencia no se hizo efectiva hasta un tiempo después y previo pago de la vecindad de 1 434 800 maravedíes. En enero de 1556 terminaron de abonar el coste total y Castilblanco recibió el Título y Privilegio de Villa, firmado por la princesa Juana. El título original se conserva en el Archivo del Ayuntamiento. Este documento destaca por su belleza e incluye ilustraciones como las del patrón del pueblo San Cristóbal. Tardó algo más de tres meses en hacerse efectivo, después de que un vecino reclamase su cumplimiento ante el corregidor.


La villa de Castilblanco luchó por mantenerse independiente, ya que Talavera intentó hacerse con los territorios pertenecientes a la Dehesa de los Guadalupes en diversas ocasiones. Y así estuvieron en negociaciones y contraofertas durante algunos años hasta que Talavera volvió a poseer las villas de la Dehesa de Guadalupe. 

El privilegio otorgaba plena jurisdicción en materia civil y criminal, es decir, en cuanto a pleitos civiles que se podían resolver en la villa sin necesidad de desplazarse a 96 kilómetros de distancia. Se le concedía a la villa la posibilidad de poner horca, cuchillo, cepo y todas las insignias propias de su jurisdicción. No obstante, las cuestiones que transgredían las Ordenanzas de Talavera y de la Dehesa de los Guadalupes como talas, pastos, quemas, labranzas… seguían dependiendo de las justicias de Talavera. A los alcaldes y regidores los nombraba el Arzobispo de Toledo.

VUELTA A MANOS DE TALAVERA

En 1587, Talavera ofrece 180 000 ducados para poseer los territorios de Alía, Valdecaballeros y Castilblanco y Felipe II lo aprueba. Rápidamente las poblaciones de las Dehesas de Guadalupe ofrecen añadir 50 000 ducados más a la oferta expuesta por Talavera. En 1592 el Consejo Real decide atender a las peticiones, pero Talavera resulta ganadora de esta decisión al mejorar las cláusulas del contrato anterior. Mientras estuvieron bajo el mandato de Talavera, estas villas pertenecieron a la vecina comarca de La Jara. No obstante años más tarde, Talavera volvió a perder la titularidad de las villas por cuestión económica, y el rey Felipe II la compró y pasó su titularidad al Monasterio de El Escorial.

PERTENECIENTE AL MONASTERIO DE EL ESCORIAL

Desde 1608 hasta las desamortizaciones del nuevo régimen, en el siglo XIX Castilblanco, Alía y Valdecaballeros fueron habitados por monjes y seglares de este monasterio. Tras las desamortizaciones Castilblanco logra constituirse como municipio constitucional en la región de Extremadura. En 1834 se integró en el Partido judicial de Herrera del Duque.


LAS GUERRAS CARLISTAS

Las guerras carlistas hicieron mella en nuestra localidad. Partidas procedentes de lugares cercanos batallaron el 25 de mayo de 1837 frente a los isabelinos, que se negaron a abandonar la plaza del Ayuntamiento. En consecuencia, los carlistas decidieron incendiar 18 residencias de la plaza, saquear a los vecinos e incluso asesinar a algunos de ellos. 


LOS SUCESOS DE CASTILBLANCO

Durante la II República, un acontecimiento trágico marcó la historia de Castilblanco y la puso en los libros. Se trata de los Sucesos de Castilblanco. Hartos de la presión que ejercía la Guardia Civil sobre el vecindario, se emplazaron dos manifestaciones los días 30 y 31 de diciembre de 1931. El problema vino cuando el alcalde mandó disolver la manifestación del 31, al considerarla ilegal. Una disputa entre obreros e integrantes de la Guardia Civil, motivó un disparo que provocó la muerte de un manifestante. Ante esto los vecinos se encargaron de matar a los cuatro guardias civiles. 

El caso tuvo una gran relevancia en la esfera pública de la época y llegó al Congreso. La primera orden fue condenarlos a muerte, pero finalmente fueron indultados. Además, los enfrentamientos entre vecinos y guardias civiles fueron imitados en otros lugares a nivel nacional. 

LA CREACIÓN DE LOS EMBALSES


Después vino la Guerra Civil y la construcción de los pantanos del Plan Badajoz. El de Cíjara se erigió unos kilómetros antes del término municipal en la carretera a Talavera y en el cruce con Helechosa de los Montes. Pasado el pueblo en dirección a Herrera de Duque se constituye también el embalse de García Sola.

BIBLIOGRAFÍA:

Hontanilla Cendrero, Julián. (2006) Resumen de la historia de la Villa de Castilblanco.

Rodríguez Pastor, Juan. (1998) Castilblanco en la antigua tierra de Talavera. Cuaderna: revista de estudios humanísticos de Talavera y su antigua tierra (68-72).

Castilblanco, Extremadura, Historia. (2013, 16 junio). Consultado en: https://web.archive.org/web/20130616021541/http://www.villuercas.net/castilblanco/historia.asp. http://www.villuercas.net/castilblanco/historia.asp

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